Narcisa católica

Narcisa es así. Igual que cierra con esfuerzo los ojos para rezar su novena después de la misa del padre Bernardo, tratando de concentrarse en sus ruegos en medio del frenesí de las comadres del barrio que se cuentan las últimas novedades y los chiquillos que corren entre las bancas liberados del tedio de la misa, así, la mayor parte del tiempo tiene que apretar muchos músculos por dentro para no ver las sombras que la rodean.

Ni las plegarias ni el recogimiento han conseguido que Narciso, su esposo, encuentre trabajo, después de que la trasnacional para la que estuvo trabajando muchos años, le pidiera su renuncia. Su puesto, por ser importante, lo querían ya para un gringo o un canadiense, sin importar las muchas veces que él también tuvo que cerrar los ojos cada vez que un avión despegaba o aterrizaba, conteniendo el miedo sólo por ir a defender los intereses de la compañía.

¿Dónde está el país de las oportunidades por el que votaron ellos dos no hace muchos meses, donde el que se lo propone puede salir adelante? Menos lo encuentra y más reza. Más nítida aparece la pregunta y menos quiere oírla. Más días pasan sin que Narciso dé la nueva, más ella siente el llamado de la religión. Sin duda, es Dios que no la abandona. Que no la deja caer en la tentación de renegar de su país. Que no la deja perderse, como mucha gente se pierde por no escucharlo.

Por eso entró de catequista, porque está mal que ella que tiene tanto tiempo libre no colabore a difundir la obra del Señor. Él es testigo de la sinceridad y el esfuerzo con que se ha propuesto difundir las viejas consignas de que todos somos iguales y de que habrá una recompensa futura. De vez en cuando, aunque ella no lo nota, contesta las provocaciones de los chiquillos más maliciosos que la ven bajar de su enorme camioneta blanca, diciendo que hay que trabajar para ganarse las cosas, que el que no sale adelante es porque no quiere.

Es lo mismo que les enseña a sus hijos, ya de por sí educadao en sendos colegios del Opus Dei: el temor de Dios, tan importante en su formación: el desapego por las cosas que poseen, el trato humanitario. Que no hay que gritarle a la sirvienta, pues ella, aunque gane menos que nadie y prácticamente sea su esclava, es otro ser humano. Que a los niños de la calle no hay que darle monedas porque siempre hay alguien que se las quita, y porque además si quieren salir adelante, deberían buscarse un trabajo… como lo hace papá.

En realidad, la gente pobre es gente floja y maleducada, piensa en una de sus muchas visitas al mall gringo, de los muchos que la rodean. Gente ociosa, que no hace nada por cultivarse, añade mientras se prueba un traje de baño encima de la ropa. Gente sin valores, que no aprecia el hermoso país en que vivimos, repasa mientras empuja su enorme carrito lleno de botellas de falsos jugos de frutas con vistosas etiquetas americanas, bolsas de muslos de pollos congelados, una lata de licuado para adelgazar y una caja de detergente con la información en inglés.

Si yo fuera Felipillo, empezaría por cancelar la educación laica, piensa. Desde que los valores cristianos no se enseñan en las escuelas públicas, el país está como está. Está segura de que si de niños todos aprendiéramos la palabra de Dios, de grandes tendríamos menos envidias y menos problemas para aceptar que en la sociedad cada quien tiene un lugar, y eso no te hace ni mejor ni peor persona.

¿Cómo es posible que los maestros quieran ganar lo que gana un ejecutivo de una compañía gringa? ¡No tienen la misma responsabilidad! Además, tienen muchas vacaciones. Si quieren ganar más, que trabajen más. En cambio, se la pasan en marchas y plantones. ¿No es el colmo?

Dios nos libró de la izquierda, se convence, pero lo que están haciendo los diputados con el tema de las parejas del mismo sexo y lo del aborto son cosas imperdonables. Si dos personas deciden que van a ser maricones, pues están aceptando que se les denigre y se les aparte, porqué se les van a dar derechos si ellos renunciaron a los que tenían siendo normales.

¿Cómo van a pensar en tener hijos si Dios no les dio con qué, es decir, entre ellos? Y con lo del aborto, cuántas malas mujeres no aprovecharan para seguir haciendo sus cochinadas, al fin que con ir al hospital lo arreglan.

¿Y lo de las clínicas clandestinas? ¿Lo de Serrano Limón? ¿Lo de los pederastas católicos?… Se queda en silencio. Afortunadamente, ya empezó el noticiero de la una y, atorada en el tráfico, es una buena salida para no pensar.

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2 thoughts on “Narcisa católica

  1. asdrubal que gusto volverte a leer.. ah que mi narcisa, historias que no se de donde salen por que en tapatilandia eso no ocurre mi chavoh..
    abrazzo..
    luis

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